Un episodio especial, la Semana Santa de 1935

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En una Jornada Cofrade de hace unos años impartida por un periodista del Diario Sur,  llega a nuestras manos una copia de un artículo fechado, según indicaba oralmente el conferenciante, en 1935. En esta conferencia apenas se hizo una breve mención al artículo por lo que nosotros, sin grandes pretensiones y a titulo meramente anecdótico, lo guardamos en un cajón por si algún día nos pudiera servir de algo.

Lo cierto es que, al volver a encontrarlo años después y proceder a su lectura pormenorizada, el texto comenzaba a tener un interés insospechado hasta entonces. A grandes rasgos, el articulo hablaba de un Viernes Santo de los ya muy lejanos años treinta, en el que procesionaban Ntro. Padre Jesús, Mª Stma. De los Dolores y Ntra. Sra. de la Paz, por ese orden. Todo resulta familiar en lo narrado; las tres históricas cofradías de pasión recorren las calles en Semana Santa, pero ahí terminaba la normalidad porque a los de nuestra generación, el hecho y la situación de ir los tres tronos juntos,  en Viernes Santo (¿qué pasa con el Jueves?) y que, además, faltara el trono del Cristo, nos produce extrañeza, porque desbarataba toda la tradición que hemos vivido desde pequeños en nuestras casas y en nuestras hermandades. 

A partir de ahí todo empieza a llamar poderosamente la atención en el transcurso de la noticia, aunque tal vez sea otro hecho narrado, casi de paso, lo que en segundo lugar más nos impactó: la circunstancia de que los tronos no efectuaban su recorrido procesional desde hacía cuatro años.

Partiendo de esos escasos datos narrados y para desentrañar mínimamente lo sucedido en aquella Semana Santa, lo primero que nos planteamos fue averiguar si el artículo había sido publicado donde el conferenciante había apuntado y la fecha exacta de dicha publicación. Tras rastrear las hemerotecas malagueñas y encontrando, al fin, la colección completa de “La Unión Mercantil de Málaga” en el magnífico Archivo “Díaz de Escovar”, pudimos comprobar que efectivamente, el artículo salió publicado concretamente en la página 10 del ejemplar correspondiente al día 23 de abril de 19351. Ese día fue el martes posterior a la Semana Santa por lo que los hechos narrados debieron suceder ese Viernes Santo que cayó en 19 de abril.

Una vez enmarcados los sucesos descritos en su momento cronológico exacto, procedía seguir investigando y dado que la excepcionalidad del episodio no debía ser fácil de olvidar para aquellos que lo vivieron en propia persona, la pregunta surgía sola: ¿quien podía haber sido testigo de esos hechos? Ahora estaba claro que la única forma de seguir avanzando en esta pequeña labor indagadora pasaba por poder contactar con aquellas pocas personas que, habiendo vivido esos emocionantes momentos y pudiendo recordarlos con cierta nitidez por tener la suficiente edad en aquel tiempo, aún permaneciera entre nosotros; tarea, como se comprenderá, no especialmente fácil.

Con el gusanillo de la curiosidad nos pusimos manos a la obra y, así, concertamos una serie de pequeñas entrevistas con algunos ancianos y ancianas que pudieran cumplir los requisitos antes señalados. Ello, no obstante, terminó resultando labor de escaso resultado práctico porque la buena voluntad demostrada por todos no logró aclararnos prácticamente nada al respecto ya que en aquella época eran demasiado jóvenes y la memoria, a determinadas edades, va desgraciadamente fallando. Sí estaban todos de acuerdo en recordar que, efectivamente, durante aquellos tiempos sólo se salía el Viernes Santo; primero una procesión por la mañana y otra por la noche, después se pasó a una por la tarde y otra por la noche. También algunos recordaban, permítasenos la licencia de saltar algunos años en el tiempo con respecto al momento estudiado, que en 1939 fue sólo la Virgen de la Paz la que salió en procesión, hecho que resulta factible y verosímil ya que nos consta que la antigua talla de Jesús fue destruida en los primeros momentos de la guerra civil (1.936)  y la nueva no la trajeron hasta ese mismo año. Algo similar, obviamente, debió suceder en los dos años anteriores. Desconocemos, hay que reconocerlo, qué sucedió con Mª Stma. de los Dolores en esos años.

En consecuencia y ante la falta de más datos concretos sobre lo sucedido en nuestro pueblo en aquellas Semanas Santas de los años 30, sí que al menos pudimos hacernos una idea de cómo fueron aquellos duros momentos para el vivir cofrade de nuestra tierra. Para ello partíamos del dato apuntado anteriormente: desde cuatro años antes hasta 1935, no hubo procesiones en Teba. Ello implicaba que a lo largo del periodo republicano fue ese año el primero en que nuestros tronos vieron las calles tebeñas ya que en 1931, año de comienzo de la II República, la Semana Santa se celebró unos días antes de la proclamación de aquélla2. Sí parece que el patrimonio cofrade tebeño no se vio afectado en el periodo anterior a la Guerra Civil, muy al contrario de lo que sucedió en lugares como Málaga donde ya hubo problemas en el Martes Santo de 1931 y donde algo más de un mes después de la proclamación de la República se sucedieron los tristísimos hechos de la noche del 11 al 12 de mayo3 en la que grupos extremistas incontrolados provocaron una de las mayores destrucciones de patrimonio histórico-religioso de nuestra Historia. De hecho en este episodio está la clave para comprender el desarrollo de la Semana Santa a lo largo de la República en Málaga y, de paso, en nuestro pueblo, porque la destrucción del patrimonio cofrade malagueño imposibilitó físicamente la salida procesional de las cofradías de pasión malacitanas, no sólo por la desaparición de las imágenes, tronos y demás enseres, sino porque el miedo, con mayúsculas, se instauró entre los propios cofrades, cuyas Juntas de Gobierno, ante la perspectiva de una repetición de tan trágicos sucesos, decidieron la suspensión de las salida durante 1932, 1933 y 1934. No hace falta indagar mucho más para establecer un evidente paralelismo con lo que podía pasar por la mente de los cofrades tebeños por mucho que, como se señaló, las destrucciones no afectaran, de momento, al patrimonio cofrade de nuestro pueblo.

El cambio de coyuntura política, tras que la CEDA y los Radicales ganaran las elecciones de 1933 pudo posibilitar que poco a poco las cofradías fueran recuperando una cierta confianza ya que el tono anticlerical de los primeros tiempos se había mitigado considerablemente. Así, las Hermandades pudieron procesionar de nuevo en buena parte de la provincia (en Málaga y, como estamos analizando, en Teba) en el año 1935, si bien con muchas precauciones porque el clima político seguía muy tenso, especialmente en nuestro pueblo donde en octubre del año anterior y al calor de la denominada Revolución de Octubre, se había producido un levantamiento de las fuerzas de izquierda, único en toda la provincia malagueña4. A raíz de aquello hubo más de un centenar de detenciones en Teba, lo que imposibilitaba un clima idóneo para la celebración de eventos de carácter religioso como la Semana Santa5. Imaginamos que de ahí proviene el fervor con el que el corresponsal de La Unión Mercantil6 agradece el esfuerzo de todos los que han colaborado en la salida de las procesiones en Teba, porque no debió ser nada fácil dado el ambiente tenso que debía existir en el pueblo.

Tampoco debían ser ajenas a esta situación las palabras utilizada por el corresponsal cuando habla de la salida de Nuestra Sra. De la Paz. Así y refiriéndose en concreto al vocablo Paz, en sus palabras parece existir un cierto matiz de resentimiento que denota la falta de armonía política del momento; habla de vanidades y egoísmos, de imposición de una razón…incluso de guerra, desgraciadas palabras premonitorias de lo que vendría algo más de un año después de ser escritas.

El artículo, interesante en toda su extensión, y en el que se pormenorizan las características expresivas de las imágenes de las Cofradías y el ambiente existente en las procesiones, presta una especial atención a lo que supone la auténtica anécdota de tan significativa jornada: la inesperado e insólita prolongación de la procesión hasta el paraje de El Balconcillo. Al parecer y según nuestro cronista la iniciativa habría sido tomada por los hermanos de Jesús, al que habrían seguido los de las otras dos cofradías a pesar, como se señala, del enorme peso de los “pasos”. No disponemos de otros ejemplos anteriores de casos similares en Teba7, aunque es más que probable que no fuera la primera vez que aquello sucedía ya que el rito de la denominada “rogativa del agua” es relativamente frecuente en la tradición cristiana. De hecho incluso llegó a estar regulada desde tiempos del papa San Gregorio Magno en el año 590. Así, en palabras de la historiadora Carmen Gozalo de Andrés, “en la creencia de que un Cristo, Virgen o Santo podía, y debía, hacer llover, se sacaba del templo en solemne procesión su imagen, para que, al contemplar de cerca la calamitosa situación de los campos, decidiera apiadarse de ellos y ponerles remedio”. Aunque sobre este respecto no hemos podido recabar datos generales sobre la pluviometría de la época8, sí que disponemos de series meteorológicas completas de varios pueblos de Andalucía9 y de su estudio podemos concluir, a ciencia cierta, que el año agrícola 1934-1935 fue un año muy seco con una precipitación media en torno a los 500 mm10.

Como curiosidad y como epílogo para concluir este breve estudio sobre aquellos interesantes hechos de la Semana Santa de 1935, hay que resaltar que justo el año siguiente al de la rogativa del agua de nuestras tres cofradías, las precipitaciones se multiplicaron por tres hasta hacer de aquel año el más lluvioso de todo el Siglo XX…¿Simple casualidad?.

                                                Por Mª Ángeles Berdugo Romero y José Berdugo Romero


1 Nº 17654 de la tirada de este diario malagueño

2 De hecho el Domingo de Resurrección cayó el 5 de abril.

3 En esto puede consultarse la obra del historiador José Jiménez Guerrero: “La Quema de Conventos en Málaga. Mayo de 1931”

4 El episodio ha sido descrito por el tebeño Rafael Valero en su libro “La Revolución de Octubre de 1934 en Teba”

5 A los cofrades que procesionaban en aquellos difíciles años se les denominaba “los valientes”.

6 Del que desconocemos si se trata de algún tebeño o bien de alguien desplazado desde otro punto de la provincia, si bien podría apuntarse lo primero al referirse al párroco oficiante como “nuestro querido párroco, Don Miguel Bermudo”, lo que denotaría una familiaridad que casaría bien con su residencia en el pueblo.

7 Sí que, en cambio, en la memoria reciente está la salida de Nuestro Padre Jesús al mismo paraje en los años 1980 y 1995. El origen de dicha iniciativa estaría, muy probablemente, en el antecedente que ahora analizamos.

8 La Agencia Estatal de Meteorología sólo ofrece datos online a partir de 1971.

9 Por ejemplo de Cabra (Córdoba) o Villamartín (Cádiz).

10 De hecho fue el tercero más seco de la primera mitad del Siglo XX.

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