Reflexión de nuestro Mayordomo

por admin

Bueno, como cada año, un nuevo Jueves Santo es sinónimo de nervios y de mucha preparación: el trono con su calderería y su campana restauradas, las marchas listas, y el trabajo de adaptar el nuevo paso a la marcha elegida para que, en el encuentro con nuestro Padre Jesús, nuestra Virgen se acerque con ese porte solemne, llevada con mimo y maestría por sus costaleros. Cada año me sorprenden más con su compromiso y su entrega en los ensayos.

De los costaleros, todo lo que diga es poco. Son fieles, grandes, y nunca abandonan a su Virgen. Cuando sienten que las fuerzas flaquean, miran al cielo, donde están todos nuestros hermanos y hermanas animándoles a aguantar un poco más y a llevar a su Virgen hasta su portal.

Como broche final, este año propusimos que nuestra Virgen hiciera una reverencia a su Hijo antes de su encierro en la puerta de la iglesia. Era un esfuerzo enorme para los costaleros, pero, cómo no, ellos hacen posible todo lo que se les proponga.

Yo, como mayordomo, me siento muy afortunado de tener la clase de costaleros que tenemos, incluso los más jóvenes, que este año han demostrado un coraje y unas ganas inmensas de llevar a su Virgen sobre los hombros. También es una suerte contar aún con costaleros mayores, con mucha experiencia, que no solo llevan a la Virgen, sino que animan, acogen y enseñan a los nuevos.

No me voy a extender más. Solo quiero decir que estoy muy orgulloso de mis costaleros y de todos los ayudantes de trono. 

Un año más, muy feliz por cómo transcurrió el Jueves Santo.

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