Teba, Jueves Santo 2024.

por admin

Se oían tambores y cornetas por cada rincón. Nazarenos

y mantillas inundaban las calles.

El viento movía las capas blancas.

Olía a incienso, era Jueves Santo.

La esperanza estaba a flor de piel, los nervios ya se

podían sentir, las velas encendidas, la cruz de guía

preparada para salir y los hombres de trono junto a los

varales.

Entonces miré al cielo, no llovía, pero la miré a ella y

comprendí que solo ella dispondría

No pudo ser, este año no.

En la iglesia, con todas las miradas fijas en ambas

imágenes.

Aquel bamboleo y el crujir del palio resonaban en el

silencio.

La miré a ella, a María Santísima de la Paz, y pude

observar con mayor detenimiento su mirada, esa mirada

triste, ese pesar sus lágrimas.

A la memoria, seres queridos. Abrazos tras cada

levantá y besos al cielo para los que ya no están.

Ojos cerrados, apoyados en el varal, concentrados

escuchando la voz del capataz y el sentir de María

Santísima de la Paz.

Lágrimas inundan los ojos, recorriendo alguna que

otra mejilla.

Pero allí estaba ella, permitiendo sentirla, una vez más.

Se apagan las velas, nos tenemos que ir, me vuelvo a

despedir y de nuevo en el pecho te puedo sentir.

                                                                                          – MaríaJoseQS-

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